Hablar de Jesús y de la Iglesia a veces es muy delicado y conflictivo.
No todos los cristianos tenemos la misma visión de la realidad eclesial, nuestra perspectiva, nuestro modo de percibir y vivir su misterio es, con frecuencia, no solo diferente, sino contrapuesto. Jesús no separa ningún creyente de la Iglesia, no le enfrenta a ella. Al menos esta es mi experiencia. En la Iglesia encuentro yo a Jesús como en ninguna parte, en las comunidades cristianas escucho el mensaje y percibo su Espíritu.
Pero algo está cambiando en estos últimos días en mí, me voy dando cuenta de que amo a la Iglesia tal como es, con sus muchas virtudes y sus muchos pecados, pero la amo porque amo el proyecto de Jesús para el mundo: el reino de Dios...Por eso quiero verla cada vez más que sea de Jesús, mas convertida. No veo una forma más auténtica de amar a la Iglesia que trabajar desde dentro para su conversión al Evangelio que hasta ahora no lo ha hecho en su plenitud, ha dado destellos, con Juan XXIII y con Pablo VI...y el efímero Juan Pablo I, pero después se ha alejado del Evangelio del amor, con las prohibiciones, las suspensiones, etc...
Pero yo tambien quiero convertirme a Jesús y como soy Iglesia quiero convertirla desde mi primera opción y ha de ser mi primera preocupación...porque quiero una Iglesia en donde la mujer ocupe el lugar querido por Jesús y quiero que mi Iglesia sea "amiga de los pecadores", porque Jesús comia con ellos, una Iglesia que de felicidad a las personas, una Iglesia de corazón grande en la que cada mañana nos pongamos a trabajar por el reino, sabiendo que Dios ha hecho salir el sol sobre los buenos y los malos.