Tenemos ante nuestros ojos la nueva carta-encíclica de SS.Benedicto XVI "Spe Salvi" (salvados en la esperanza)....pues quiero hacer una rápida lectura para después inmiscuirme mucho mas en los pormenores.
Así de primera vista es una encíclica perfecta, muy cuidada su interpretación, pero sin nigún matiz que nos lleve a decir¡ magnífico!. Técnicamente está bien construida, pero todos los conceptos son muy "tecnicamente conocidos", algo a lo que nos tiene muy acostumbrados desde hace años el Dr. Ratzinger, porque teológicamente ni religiosamente se le puede reprochar lo más mínimo.
Está llena de palabras y frasesmuy nuestras de "esperanza cristiana", "encarnación de Dios en Cristo", "la gracia"...pero incide de nuevo en el punto nº 41 sobre "El juicio como lugar de aprendizaje y ejercicio de esperanza"...y en ello se vuelve a desgranar el Credo de la Iglesia Católica, en donde tambien se habla del juicio final, como esperanza, pero en todo el documento no vemos un punto de reflexión que libere al hombre con alegría...con la alegría de vivir.
Ya sabemos, los que somos cristianos, que la fe es esperanza, que el concepto de esperanza basada en la fe en el Nuevo testamento y en la Iglesia Primitiva (algo a lo que no desea volver esta Iglesia)...muchas referencias a los Santos Padres apostólicos...pero volvemo a decir, nada de alegría al mundo para liberarlo de las pesadas lozas que esta Iglesia le echó encima durante siglos.
Creemos que no va a pasar a la historia como la Rerum Novarum, u otras encíclicas sociales que e slo que está necesitando el mundo, porque si, mucha esperanza...pero ¿quien da de comer a tantos y tantos que mueren cada día?...¿quien pone los retorvirales mucho mas baratos para que se puedan curar a los miles y miles que enel Afríca Subsahariana están muriendo cada dia por el sida?...ellos son los destinatarios de la esperanza, una esperanza en la que le hubiese dicho que dentro de una semana llegaban camiones y camiones de alimentos, de millones de botellas de agua, de millones de dosis de medicamentes, para que ellos y sus hijos no mueran (y esto no es damamogia, esto es una realidad punzante)y no credos infalibles.


Comienzo diciéndote que no he leído la encíclica y que el papa Benedicto será muy ortodoxo pero su figura humana no me atrae, me parece un purista, profesionalmente intachable pero muy pillado por El Vaticano y su corte.
La verdad es que al pobre ser humano que vive aplastado por la miseria, la esperanza que le conviene es de orden práctico: esperanza en el futuro porque tiene para comer hoy, esperanza en el futuro porque puede hacer frente a las enfermedades de hoy, esperanza en conocer a sus futuros nietos porque hoy puede cuidar de sus hijos, esperanza en un mañana porque tiene ahora cualificación laboral y, tantas esperanzas que, mientras no las pueda ir tocando poco a poco, es cruel dejárselas a tan largo plazo. La esperanza que se le pide al miserable va más allá de lo humanamente exigible, y que sencillo darle como tabla de salvación la esperanza en Dios, cuando ya no tiene nada que perder, para ese viaje no necesita alforjas.
Dios que es bueno y misericordioso sabrá dar valor a las palabras vacías o al corazón humano machacado por la pena de ver morir a un hijo de pobreza, francamente, Dios que es bueno y misericordioso sabrá dar valor a lo que tiene valor. Un beso Gallo.