Cuando dijimos que en las Confesiones de san Agustín, podríamos contemplar algunos indicios homoeróticos, algunos nos dijeron herejes, que no amabamos a la Iglesia, que era un santo...etc...etc...pero da la casualidad de que no somos nosotros los que hemos escrito, sino el mismo autor que se confiesa así, lo que nos sorprende mucho es que años después ataque tan despiadadamente a otros, cuando lo que en realidad tendría que haber tenido es benevolencia y mucho amor para los que son diferentes.
Confesiones II, 3 6-8
6.Pero cuando en aquel año decimosexto, interrumpido el estudio por estrecheces económicas y libre de toda escuela, comencé a vivir con mis padres, las zarzas de mis lacivias crecieron por encima de mi cabeza, y no hubo una mano que me las arrancara. Muy al contrario, cuando cierto día mi padre me vio pubescente en el baño con los signos de la inquieta adolescencia (masturbación), como si gozara ya pensando en los nietos, fue a contárselo a mi madre alborozado.......
Pero yo no lo sabía, e iba cayendo en el principio con tanta ceguera que entre los compañeros de mi edad me avergonzaba de mi menor desvergüenza, pues los oía jactarse de sus maldades y gloriarse tanto más cuanto más torpes eran, y me daban ganas de hacerlo, no sólo por el gusto de hacerlo, sino también por ser alabado. ¿Hay algo más digno de represión que el vicio?. Pues yo para ser vituperado, me hacía mas vicioso; y cuando no habia hecho nada que me igualase con los más perdidos, fingía haber hecho lo que no había hecho, para no ser más despreciable cuanto más inocente, ni ser tenido por mas vil cuanto más casto.
8. He aquí con qué compañeros recorría yo las plazas de Babilonia y me revolcaba en los cenagales, como si fuera canela en rama y perfumes preciosos. (Prostitución masculina). Y en medio del lodazal, para que me apegase más tenazmente, me pisoteaba el enemigo invisible, y me seducía, porque yo era fácil de seducir.
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Confesiones III, 1- 2,2
Era muy dulce para mi amar y ser amado, sobre todo si gozaba también del cuerpo DEL AMANTE (no de la amante). Manchaba, pues, el manatial de la amistad (amigos) con las inmundicias de la concuspicencia y empañaba su candor (seguramente eran menores que él) con los vapores infernales de la lujuria. Y con ser yo tan deforme (se le decía deformes a los homosexuales) y deshonesto, me desvivia por ser elegante y cortés, rebosando vanidad. (emperifollado, petimetre, adornado).
Caí también en el amor en el que deseaba ser acogido.(loa ceptaba de buen grado). Pero, Dios mío, misericordia mía, con cuanta hiel rociaste aquella mi suavidad, y con cuanta bondad lo hiciste. Porque al fin logré ser amado y llegué secretamente al vínculo del placer, (algún amor consentido en aquellas fechas y en secreto) y alegre me dejé atar con ligaduras trabajosas, para ser luego azotado por las varas candentes del hierro de los celos, sospechas, temores, iras y peleas. (Su amante hacía de él un vicioso dependiente).
Confesiones IV, 3,5 4,8
7. En aquellos años, en el tiempo en que por primera vez comenzaba a enseñar en la ciudad donde nací, me había ganado un amigo, a quien amé excesivamente, porque era condiscípulo mío, de mi misma edad y estaba como yo en la flor de la juventud....

Muchos eruditos oficiales que desean taponar el sol con un dedo, insinuan...solo insinuan, porque no se atreven a deducir que san Agustín fue homosexual y misógino, que eran travesuras y cariño de amigos...pero ahí está la realidad y no tiene vuelta de hojas.
Con esto no queremos escandalizar a nadie, sino darle una respuesta a la persona que nos envió un mensaje condenatorio....¡Quien pìde café tres tazas! y lo grande todo es que un hombre que se revolcó en el barro, posteriormente llegó incluso a ser proclamado santo por la Santa Madre Iglesia., aunque algunos santos suelen decir cosas como esta cuando se refieren a las mujeres:
“El marido ama a la mujer porque es su esposa, pero la odia porque es mujer” (Sobre el sermón de la montaña 1, 41).
“El marido tiene la parte más noble en el acto marital, y por eso es natural que él tenga que sonrojarse menos que su esposa cuando le exige el débito conyugal” (S. Th. Suppl. Q. 64 a.).
la mujer “debe estar sometida al marido como su amo y señor (gubernator), pues el varón tiene una inteligencia más perfecta y una virtud más robusta” (Summa contra gent., 111, 123).