Anoche el Gallo estuvo presente en una mesa redonda, en donde, si no creó cátedra, porque no lo intenta, si dejó las cosas muy claras en cuanto al tema del celibato.
Unos de los intervinentes se posicionaba en que era mejor dejar las cosas tal como están, es decir, el cura célibe, sin familia y afrontando la crisis de vocaciones que nos embarga, porque además el sueldo de los sacerdotes tendría que ser incrementado y además incluir el cálculo del gasto de vivienda, seguridad social y pensiones, y que la parroquia tendría que asumir una considerable carga económica, por eso la Iglesia no pude permitrise relajar la ley del celibato.
A las pretensiones del colega, le argüi que el gasto no tiene por qué soportarlo la Iglesia, ya que la pastoral es algo diferente a su trabajo civil, como lo hacen los pastores de otras confesiones, no se puede seguir viviendo de la Institución, solamente se tomaría por parte del presbítero casado, lo que atañe a los gastos propios de su prestación en la parroquia, pero vivir de ella de ninguna forma.
Tambien expuso el Gallo que aunque no existen pruebas incontrovertibles de que el celibato se aun factor causal en los abusos sexuales a menores por parte de clérigos, no se puede dejar de constatar la inmadurez psico-sexual que evidencian los sacerdotes célibes en general, y d elos sacerdotes que abusan de menores en particular. Podría argüirseque los mil millones de dólares largos que el escándalo ha costado a la Iglesia invalidan el argumento económico contra la introducción del celibato opcional.
Creemos que la Iglesia podrá seguir existiendo y con nuevas vocaciones hacia la mitad del siglo XXI, solamente si cambia sus postulados sobre el celibato opcional y la ordenación de la mujer, que los sacerdotes sean hombres libres y no dedicados a ser funcionarios parroquiales, y trabajos independientes totalmente de las esfera de influencia de la Iglesia y dedicados a la evangelización, olvidando la catequización de la forma como actualmente está concebida, pues es pan apra hoy hambre para mañana.
La jerarquía deberá hacer un gran esfuerzo y convocar un nuevo Concilio NO Vaticano (Vaticano III), para dar respuesta a los interrogantes del hombre de hoy y del mañana o la Institución muere irremediablemente.
Dejemos el celibato únicamente para los monjes que deseen apartarse del mundo y sus vanidades, pues serán ellos los depositarios de la vida contemplativa y espiritual.