En este siglo XXI se podrá ser creyente o ateo, pero no extraterrestre. Lo queramos o no, vivimos en el siglo XXI, en la humanidad del siglo XXI...y la humanidad es una historia. Y la humanidad de nuestro Occidente es una historia que alumbra pasos y horizontes que ya no se pueden borrar.
Y en Occidente, fundamentalmente cristiano y paradójicamente ateo, se han dado pasos que configuran y condicionan nuestras vidas. Yo soy occidental y, como tal, heredero de un cristianismo histórico, heredero de una civilización reinvindicadora de la dignidad de la persona y de sus derechos fundamentales, heredero de un cristianismo reaccionario, represor y antimoderno, y de un cristianismo secularizador, democrático, igualitario y liberador.
Y en ese caminar histórico estamos. Nadie que sea hijo de su tiempo y ejerza de persona puede intentar anquilosarse en el pasado, en la tradición en el magisterio. Desgraciadamente, a la Iglesia Católica, y creo que también a las demás Iglesias, le ha tocado en gran parte asistir a la historia reactivamente, es decir, a la defensiva, en contra d elos grandes movimientos de progreso, emancipación eclesial y transformación social.
Es cierto que dentro de ellas, bullen voces de crítica y de reformas que muchas veces chocan con la censura o represión y que existieron siempre como testimonio de lo irrenunciable de una fe verdadera.
Este testimonio creció en las conciencias, se difundió y explosionó en el Vaticano II.
Desde entonces los cristianos tenemos carta solemne que nos acredita como promotores del hombre, aliado de las causas humanas, dialogantes y colaboradores, ecuménicos, constructores de la justicia y de la paz, hermanos y defensores de los pobres.
Esto, para que lo sepan ya los que no se quieren mover de donde están, (jerarquía y muchos cristianos muy ancianos, unos de cuerpos y otros de mentes), no tiene vuelta atrás, porque sencillamente las Iglesias no tienen poder mediático sobre el hombre del siglo XXI...se abrió una época nueva y nadie puede decir: "Fuera de la Iglesia no hay salvación" porque se ponen en ridículos aquellos que lo digan y las gentes se rien estrepitosamente. Tampoco se puede decir: "entre cristianismo y socialismo hay contradicción", ni "el cristianismo es contra-revolucionario"...porque la gente del pueblo se rie de los que pregonan estas cosas.
En esta perspectiva hay que caminar, por tanto, me parece que el problema tiene un punto ciego y una clave de solución.
El punto ciego es: el dogmatismo. No me importa que uno sea creyente o ateo. Para mí la cuestión cobrará sentido cuando vea en qué se concreta la fe de uno y otro. Porque ateos y cristianos creen, pero quiero ver en qué creen, en que se traduce su fe. Es entonces cuando comenzaré a asentir y a distanciarme. Porque la fe de uno y de otro tiene un elemento común irrenunciable: la dignidad de la persona y sus derechos...y hay una clave de solución: Vivir respetando los derechos de los demás. Ese vivir es convivencia desde la fe en lo humano, profesada a la par por cristianos y ateos.