Las turbulencias que sufrió la Iglesia durante el siglo XIX marcaron un giro hacia el rigorismo de la moral. Un fenómeno que es elocuente en el comportamiento de la jerarquía en este siglo XXI. Como es bien sabido, la Iglesia salió malparada de la ilustración y de la Revolución Francesa y tuvo de nuevosu oportunidad en España en el régimen franquista, pero en Francia dejó de ser el centro en la cultura y en la política europea. De ahí la obsesión de los católicos por recuperar la autoridad y la influencia que se había perdido. Esta obseción se centró, sobre todo, en afirmar la autoridad magistral y el poder papal. Lo cual tuvo y tiene como es lógico, sus consecuencias en el creciente rigorismo de la moral católica, como lo han hecho notar los historiadores que han investigado este asunto.
Con toda razón se ha dicho que en aquel tiempo la Iglesia levantó de nuevo orgullosa su cabeza y metió en mismo saco sus condenas a la ciencia y a las ideas en general que no proceden de Ella. el Papa Gregorio XVI declaró en 1832: "La libertad de conciencia es absurda y no podemos hacer otra cosa que condenarla...en cuanto a la ciencia, nunca desconfiaremos lo suficiente".
En esta misma época cuando Joseph de Maistre deplora que la ciencia impide rezar: "Con su pretensión de explicar el funcionamiento del universo, destruye el misterio de la libertad, hace inútil la oración. Difunde la tendencia más pérfida que pueda presentársele al espíritu humano, la de creer en las leyes invariables de la naturaleza."
Como podemos ver, son cosas del pasado, pero son cosas del presente también, la Iglesia está anclada en el pasado, no quiere investigar, no quiere libertad porque está convencida que la libertad del hombre le hace perder poder a la Institución.
Con aquellas palabras del Papa y con las palabras de Maistre, la Iglesia se cerró en sí misma y continúa, menos en el periodode duración delos pontificados de Juan XXIII y Pablo VI.
Hoy en día hay laicos que piensan y hablan como Jpseph de Maistre y clérigos que hablan como Gregorio XVI y ese es el mal de la Iglesia, el no abrir los canales propios del Espíritu Santo para mayor gloria de Dios.
Por las personas que equivocadamente y con su buena fe hablan como Maistre, la Iglesia va cada día perdiendo mas adeptos y las gentes creen menos en ella y el poder que reclama para sí misma lo ha perdido en laúltima decada en toda Europa, ya que el continente es aconfesional.