El tema del sacerdocio de la mujer viene de lejos, no es nada nuevo, pero la Iglesia aunque sepa que la mujer en otro tiempo estuvo considerada como presbítera, se niega rotundamente a aceptarlo, pues en su fuero machista o la soberbia de sus dirigentes, le niega este privilegio al que en otro tiempo tenían las mujeres con mucho mayor rango que algunos varones.
Uno quepuede deambular perfectamente por rincones inéditos y olvidados de la sabiduría, ha dado con algo que la misma Institución tenía olvidado: el Testamentum Domini, que es una ordenanza de la Iglesia cristiana primitiva que literariamente depende de alguna manera de la Tradición Apostólica de Hipólito, así como del Apocalipsis y otras fuentes.
Escrito probablemente en griego a finales del siglo IV o primeros del V, aunque en la actualidad se conserva en siriaco, etíope y árabe. El lugar donde se escribió es incierto pero los expertos han propuesto que fue en Siria, Egipto o Asia Menos, siendo esta por la que se inclinan con más exactitud.
A finales del siglo XIX fue editado y traducido al latín por el gran orientalista y patriarca católico siriaco Monseñor Ignacio Efrén II Rahmaní y en sus investigaciones llegó a decir que el Testamentum Domini se escribió con toda probabilidad en el siglo II de nuestra era.
Son nueve textos del Testamentum Domini traducidos al latín los que se conservan de esa edición del siglo XIX.
Obviando lo que de momento no nos debe interesar vamos a traducir al castellano, lo que a la Institución le molesta mucho:
Testamentum Domini 1,35 (la Oración del Diácono)
Roguemos por los obispos....
Roguemos por los presbíteros....
Roguemos por los diáconos....
Roguemos por las mujeres presbíteros (presbyteris feminis)..
Que el Señor escuche sus súplicas y, por la gracia del Espíritu, guarde perfectamente sus corazones y les ayude en su trabajo.
Rogamos por los subdiáconos, lectores y diaconisas (diaconissis), que el Señor permita que reciban la recompensa (mercedem) de su paciencia.