Anoche ese algo misterioso en que soñamos
saltaste en mis sueños.
Y eras tu sin tener que soñarte.
Estabas allí,
alargándote en el tiempo,
con las llaves en la mano del Parnaso
y yo entraba
completo por toto tu ser profundo,
callando la palabra
para no herir el silencio.
Sosteniendo los besos en el viento,
sin posarlos, sin darles el fin que yo quería.
Tenía miedo.
Miedo de no saber dar
lo que más duele. Insuficientes
tal vez y quién lo sabe. Pálidos,
ya que un inmenso
amor lo opaca todo.
Hoy,
después de aquella noche,
he querido soñarte,
compararte...pero ¡Hay tan pocos ángeles!.
He tratrado,
sí, con la mirada,
buscar un algo, buscar un alguien.
¿las estrellas?...estaban tan lejanas.
¿la rosa? tan fácil de cortar..
que no pude en la noche.