
Aquella niña con el tiempo para aprender las ciencias que le estaban vedadas a la mujer de aquella época se hizo pasar por un joven novicio e ingresó en un convento benedictino, pero el amor hizo presa en ella con otro novicio que había descubierto su identidad y tuvo que poner tierra por medio y huir con su amante.
No se sabe su nombre con exactitud.....la hija del sacerdote inglés se le designó con el nombre de inés, por Gilberta o Gerberta, según otros y la mayoría le llamó Juana, según el jesuita Sevario, recibió tambien los nombres de Isabel, , Margarita, Justa y Dorotea. No estamos enterados del sobrenombre que tomó; unos aseguran que añadió dicen que Gerberta, y un autor del siglo XIV la llama Magnánima, imitando a Ovidio.
Los mismos autores difieren menos en el lugar de su nacimiento, unos dicen que en Gran Bretaña, otros en Maguncia y otros en Engelheim, ciudad del Palatinado, ya muy célebre con el nacimiento de Carlo-Magno, aunque la mayoría eligen Roma, proque era la capital del mundo cristiano, para darse mas realce frente a Grecia.
En la ciudad santa, Juana ingresó en la Escuela de los Griegos, para enseñar las siete artes liberales y la retórica. San Agustín había dado gran renombre a aquella escuela. Tambien introdujo varios cursos de ciencia abstracta, que durante tres años un numeroso auditorio admiraba su prodigioso saber y tambien admiraban a aquel joven monge barbilampiño que con tanta autoridad enseñaba. Sus lecciones sus discursos y sus improvisaciones, su elocuencia, sus arrebatos, produjo en los que escuchaban al joven profesor la necesidad de proclamarlo el genio del siglo y los romanos lo designaban como el principe de los sabios.
continuará......


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