
Recordemos que Juana había huido del convento benedictino con su amante al ser descubierta su verdadera personalidad oir el abad, pero este amante falleció durante el viaje a Roma, por eso Juana se dedicó al estudio y a la caridad.
Entregada Juana a serios estudios, había observado una conducta ejemplar desde la muerte de su amante.
Al principio de su pontificado, practicó las virtudes que le habían merecido el afecto y respeto de todos los romanos; pero después, bien por un irresistible deseo; o porque una corona tenga la propiedad de pervertir las dotes mas brillantes, se abandonó a los gozos del pdoer soberano, como muchos de los pontífices de aquel tiempo y quiso compartirlo con un hombre en la cama y que fuese digno de su amor. Escogió un amante, se aseguró de su discreción, le colmó de honores y riquezas, y guardó tan bien el secreto de su afección, que sólo por conjeturas hemos podido saber quien era el favorito de la papisa. Según algunos autores era camarero, otros afirman que era consejero o capellán, pero la mayor parte aseguran que era un cardenal romano. Sin embargo, el misterio de sus amores hubiera quedado cubierto eternamente por un impenetrable velo, sin la terrible catástrofe que dio fin a sus noches de vuluptuosidad. La naturaleza se burló de todas las precauciones de los dos amantes y Juana se quedó en cinta.
Continuará......


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