El esquema literario utilizado por san Lucas y en los Hechos, no fue considerado por la Iglesia hasta el siglo IV. Hasta esa fecha la Resurrección conllevaba la Ascensión en el sentido de entender que la primera suponía llegar al Padre sin necesidad de pasar por la etapa intermedia durante los 42 días transcurridos entre una y otra.
Ése es el sentido recogido por san Marcos, san Lucas y san Juan en sus Evangelios, y la concepción mantenida por la Iglesia hasta el siglo IV. Sin embargo a partir del siglo V, la celebración conjunta de la Pascua y la Ascensión se modificó y la liturgia pasó a celebrar de manera independiente ambas fiestas siguiendo la escenificación del relato lucano.
La interpretación de los acontecimientos alcanza un significado que necesita ser revestido de realidad para hacerlo accesible y comprensible para las personas que buscan una respuesta en esos hechos, algo propio de cualquier iniciativa pedagógica y muy propicio en unas circunstancias en las que las limitaciones culturales se veían agravadas por las imposiciones de las ideas y creencias predominantes, No se trata de una falsificación de los hechos, sino de representar unos sentimientos y unas creencias dentro de las dimensiones de la realidad, algo que necesariamente exige recurrir a lo extraordinario para poder encajar un significado tan trascendente dentro de unos límites estrechos.
Ocurrió con la Ascensión. Si bien sólo san Lucas hizo ese ejercicio literario pedagógico, ha sido descrito también en otros pasajes de la Escritura, y pudo suceder con la Resurrección de Jesús y las apariciones.
En este caso, las circunstancias de los hechos que de siempre hemos defendido al principio de nuestro andadura en La Coctelera y que hemos descrito claramente en nuestra hipótesis, ni siquiera tuvieron que llevar a los protagonistas a realizar ese ejercicio, sino que los propios acontecimientos se encargaron de hacer compatible una resucitación biológica derivada de los cuidados aplicados al cuerpo de Jesús con la resurrección social y religiosa.
Los elementos analizados, la foto fija de ese momento representada en la Sabana Santa, así parece indicarlo y demuestran la compatibilidad de ambos hechos y la verdad de la historia de los primeros movimientos cristianos amparados en ese sentimiento y en esas creencias reales.
Lo sucedido durante esos 42 días y, sobre todo, después del día 42 entra a formar parte de los misterios de la historia no por su extrañeza, sino por su desconocimiento.
Continuará.......-

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