¿Qué hacer cuando el horizonte se estrecha hasta resultar neblinoso y la utopía cristiana desfallece carente de vigor, ante la osadía de lo establecido y prepotente y ante el fracaso estrepitoso de la pretensiosa alternativa? ¿Encongeremos el espíritu y huiremos a algún lugar de la interioridad, de la compensación emocional o de la gnosis esotérica?
Al cristiano le está vedada la huida de la realidad. El principio de la encarnación le exige vivir en una navidad permanente: sumergirse en la realidad para descubrir ahí la "buena noticia" y para ser "buena noticia".
Trataremos de ser fieles a este desafio de nuestro ser cristiano. Bucear en la realidad buscando la luz y expandiéndola. Constatar tareas y desafios que nos interpelan e impiden sentarnos melancólicos al borde del camino.