Aunque sea Jesús el fundamento de la Iglesia, sigue teniendo vigencia la famosa frase de Alfred Loisy:" Jesús predicaba el Reino y lo que vino fue la Iglesia".
En efecto la Iglesia surgió después de Jesús y por inspiración del Espíritu, aunque esto no lo quieren oir los eclesiásticos ni por activa ni por pasiva, cierran los ojos a lo evidente.
En el sentido estricto, Jesús no fue el fundador de la Iglesia, es decir, no puede hablarse de un acto fundacional por parte de Jesús mediante el cual creara la Iglesia, pero él convocó en torno a su persona a un grupo de seguidores y adictos (los discípulos, los Doce y, en general, "los que estaban con el", entre los que se contaban un buen número de mujeres, que, tras la experiencia pascual, se constituyó en una comunidad de fieles suyos que movida por su Espíritu, se sintió llamada por Dios a la que Jesús habría llamado para sustituir o suplantar a Israel, sin embargo, tambien lo es que "este grupo histórico, como sujeto de unas determinadas experiencias respecto a Jesús, de una determinada forma de convivencia con él y de una determinada misión para la que es convocado, constituye el lugar teológico en que origina la Iglesia".
Por eso, si se pregunta por el acto fundacional de la Iglesia, la respuesta más acorde con los datos del Nuevo Testamento es que ese acto tuvo lugar en Pentecostés, cuando, en virtud de la fe pascual, la comunidad de los discípulos de Jesús, reunida en su nombre, recibe el Espíritu y, animada por él, emprende una tarea misionera (Hch 1,8; 2,1-41). "La experiencia pascual supone, pues, una revolución en la cuestión de Dios y en la cuestión de Jesús: una revolución teológica y cristológica. Pero supone también una revolución en la cuestión dcel grupo de discípulos como tal: una revolución eclesiológica, en que acontece el origen mismo de la Iglesia.