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En la iglesia jerárquica hay poca misericordia, poca compasión. En la jerarquía hay mucho miedo a decidir y a avanzar. Desde el Concilio Vaticano II nos hemos quedado sólo con una cosa: el miedo. Importa más conservarlarancia tradición que los creyentes y sus situaciones, como sucede con los sacerdotes secularizados y con muchos católicos que abandonan a la Iglesia por ser esta tan dura de oidos.
El tema del celibato obligatorio para los sacerdotes se ha tratado en muchasreuniones eclesiásticas (Sínodos, Conferencias Episcopales...), lo que hace suponer que es un tema que la jerarquía no tiene claro ni resuelto. Lo lamentable es que no se resuelve por que no hay voluntad, porque no interesa por razones inconfensables de poder. Y, aunque no sea un asunto nuclear de la Iglesia, no por eso hay que dejarlo de lado, pues en medio hay muchas personas, sacerdotes, mujeres, fieles, comunidades que sufren las consecuencias de una ley injusta y antisocial.
Una vez más hay que recordar que el sacerdocio no es propiedad del Papa y la Curia Vaticana; ni siquiera es propiedad de la Iglesia. Es un carisma libre que Dios libremente lo da para el bien de la comunidad y, por lo tanto, no se puede reglamentar.
El celibato es un valor como opción, igual que otras opciones; pero el celibato impuesto ni es opción ni es valor.
Insistentemente, oportuna e inoportunamente hay que preguntar a la jerarquía, para que respondan en conciencia:
¿Por qué no se quiere ver la riqueza que supondría unir sacerdocio y matrimonio?...¿porque no hay voluntad de renovación?.
¿En qué daña el matrimonio al sacerdocio?.. creemos que absolutamente en nada.
¿Qué mal hace el sexo al sacerdocio?...el sexo es un don de Dios ¿por qué lo ahogan?
¿En qué corrompe la feminidad al sacerdocio?...muy al contrario lo enriquece.
Ahí está la práctica de los sacerdotes católicos casados en Oriente.
Tenemos que lanzar un grito de libertad en la Iglesia,como signo y como buena noticia y que incluye vivir la fe desde comunidades de iguales.
El celibato debe ser una opción libre y responsable del individuo no una imposición de tremendismo obsoleta y caduca en la que no cree casi nadie y podría asegurar que muchos seminaristas la rechazan en su interior.