El convento de monjas jerónimas de Santa Paula es una institución sevillana conocida tanto por la extraordinaria riqueza de su patrimonio artístico, organizado en un modélico museo que está considerado como un referente de los museos conventuales, como por la calidad de los productos elaborados por las hermanas, en los campos del bordado, el ganchillo, los productos litúrgicos y la repostería. Su fundación se remonta a mediados del S XV, cuando la sevillana Ana de Santillán consiguió una bula del Papa Sixto IV para fundar un convento en varias casas de su propiedad. Sucesivas adquisiciones y reformas en los S XVI y XVII han configurado un pequeño espacio urbano por completo autónomo, con jardines, patios, claustros y dependencias de toda índole, cuyo conjunto desprende un extraordinario encanto. A la iglesia se accede por una interesante portada gótico-mudéjar en arco apuntado, que incorpora además elementos renacentistas en su decoración cerámica debida a Niculoso Pisano. El templo es de una sola nave cubierta con artesonado y presbiterio con doble bóveda, y en la magnífica decoración de sus muros trabajaron tres figuras señeras del barroco sevillano del S XVII, Alonso Cano, Felipe de Rivas y Martínez Montañés.