Hoy en las iglesias se ha leido el Evangelio donde los apóstoles le pedían a Jesús que les dijera como orar a Dios.
Y el les contesto que para hablar con Dios solo había que decir:
Padre Nuestro....etc etc.
Así de simple, así de sencillo, sin grandes voces, sin grandes formas de expresión.
Una cosa que debe ser habitual en un cristiano, se convierte a veces en una manifestación tremenda y obsoleta enmedio de pontificales, de grandes ceremonias que supongo Dios saldrá escandalizado...sobre todo si se fija en que a unos le recen el Padrenuestro y a otros no...incluso a veces habiendo sido sacerdotes.
Me explico para que nadie se sienta extrañado de estas palabras:
En el Vaticano se van a beatificar, no se si son 250 religiosos asesinados durante la Guerra Civil en Valencia por las fuerzas del ejercito rojo, aquella masacre que no debió ocurrir por ningún concepto y que por su solo martirio ya son santos ante Dios.
El ayuntamiento de Valencia vaa estar presente en la ceremonia y me parece muy bien, no vamos a discutirlo, ya que eran ciudadanos valencianos, pero primero lo que no está bien y que no entendemos, es que no se beatifiquen al mismo tiempo a personas que el ejercito amotinado y llamado "nacional" a las ordenes de Franco, fusilaron en una revancha impropia de vencedores y que fueron muchos.
El ayuntamiento, o su representante, supongo que la alcaldesa,va a rezar conjuntamente en la ceremonia el "Padrenuestro" ¿solo de ellos?...también de los que eran "rojos" era el Padre, porque Dios no entiende de colores ni de políticas, no hace distingos especiales...solo es el Padre y todos son sus hijos.
Y no veo el motivo que la alcaldesa tenga su presencia allí en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, cuando ha dado ordenes expresas para que en su municipio no se abran las fosas que de los muchos y muchos hombres de izquierdas, que los falangistas mataron en Valencia por el solo hecho de no ser del ejercito "salvador". Tropelias que no debieron ocurrir tampoco porque eso no es cristiano y se vanagloriaban de llevar el estandarte con la Santisima Virgen y confesar antes de una batalla.
Y entre esos restos que han prohibido sacar, me dice un buen amigo, muy dolido,están los resto deun tio suyo cura y que lo fusilaron porque movido por su buen corazón, le daba de comer a las familias de los "rojos", en elbarrio que estaba destinado.
Un día le hicieron "un juicio sumarisimo" en donde pusieron en los "papeles": "por ayudar al enemigo"....por este no van a rezar los representantes valencianos el Padrenuestro...pero lo que no saben es que está en presencia del Padre aquel cura de barrio, y el Padre riendose de la fantasmada en la Plaza de san Pedro.
¿Cómo la Iglesia Católica ha podido caer en ese pecado tan tremendo?
¿Cómo se ha dejado engatusar el Santo Padre por algunos Institutos religiosos muy poderosos en Roma?
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Sobre TEODORO-GALLO Y SU GALLINERO
AMIGOS: SOY TEODORO “ EL GALLO”, UN AVE DE CORRAL MUY AVISPADO Y QUE PUEDE PICOTEAR MUCHO…Y ME DIRÉIS ¿EN QUÉ COSAS?...EN COSAS QUE OCURRAN EN EL DÍA: POLÍTICA, HUMOR, RELIGIÓN…ETC… VAMOS A EMPRENDER ESTE CAMINO GALLEANDO DESDE MI CORRAL, DE TAL FORMA QUE SEREMOS MUY ATRACTIVOS Y MUY CRÍTICOS…Y POR SUPUESTO MUY ODIADOS….LOS POLÍTICOS VAN A SALIR ESCALDADOS, LOS HUMORISTAS LLOROSOS Y LA RELIGIÓN..UFFFFFF. COMO LO HAGAN MAL SALDRÁN CON UN PALO EN LAS ESPALDAS…TODO VA A SER POSIBLE AQUÍ. QUIEN AVISA NO ES TRAIDOR…SOLAMENTE SINCERO ¿TE ATREVES A ENTRAR?...ES TODA UNA AVENTURA…TOMAMOS DESDE AHORA EL IMPULSO PARA SALTAR AL VACÍO. SALUDOS: TEODORO GALLO PRIMER POST: 27 DE MAYO DE 2007| RelojesWeb para Pisos! |
El Tiempo
تيودورو غاجو

teodoro-gallo
29 jul 2007 | 08:20 PM
La Conferencia Episcopal Española está organizando una peregrinación multitudinaria a Roma, el próximo otoño, para que los fieles españoles asistan a la beatificación de 498 ’mártires’ de la Guerra Civil. Sin embargo, en la jerarquía eclesiástica sigue sin hacerse ningún comentario sobre los sacerdotes asesinados por los franquistas durante la contienda. De hecho, el portavoz episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, dice desconocer si estos hechos sucedieron. La existencia de múltiples documentos acerca de estos asesinatos revela la descarada hipocresía de la máxima jerarquía religiosa de España.
La Iglesia reconoce que los casi quinientos religiosos que serán beatificados “murieron como mártires, como testigos heroicos del Evangelio”.
Pero esta medida vuelve a poner de manifiesto el doble rasero con el que la Iglesia católica mide las víctimas de uno y otro bando de la Guerra Civil, independientemente de sus creencias o ideologías. La discriminación resulta más llamativa y escandalosa en esta ocasión, pues la Conferencia Episcopal se abstiene de nombrar a los religiosos asesinados a manos del Bando Nacional –o nacionalista-, comandado por el que a la postre se convertiría en dictador vitalicio, Francisco Franco.
Basta con repasar ciertas partes del libro “Misión en España, 1933-1939”, escrito por el que fuera embajador de EEUU en España durante la Guerra Civil, Claude Bowers, para constatar que la alianza de fuerzas rebeldes contra el régimen republicano se cobró la vida de muchos religiosos.
Bowers repasa en el capítulo denominado “El martirio de los vascos”, las características de este pueblo, poco sospechoso de comulgar con los “rojos”: “Profundamente religiosos (…), en ninguna otra región es la catolicidad más profunda y sensible”. Su único error, por tanto, fue el de permanecer leales a la República: “Cuando estalló la rebelión, los vascos se alinearon inmediatamente con los leales. Sus iglesias continuaron funcionando como antes; sacerdotes y monjas se paseaban por la calle libremente”.
Confirmado el catolicismo del pueblo vasco, quedaban menos motivos aún para entender su aniquilación: “Esta lealtad de los católicos vascos a la democracia ponía en un aprieto a los propagandistas que insistían en que los moros y los nazis estaban luchando para salvar a la religión cristiana del comunismo”.
La retórica de la Cruzada Nacional se caía, por tanto, por su propio peso: Franco no atacó Euskadi “para salvar a la Iglesia, pues la Iglesia no estaba allí en peligro; ni para salvar a los curas, puesto que estos gozaban de la reverencia del pueblo, y realizaban su función en perfecta paz; ni para hundir al comunismo, pues los vascos no eran comunistas”.
La contradicción entre lo hecho y lo posteriormente justificado encuentra un ejemplo sangrientamente culminante cuando Bowers narra el bombardeo sufrido por la población de Durango a manos de los nazis, contando este ataque desde el punto de vista de las parroquias de la localidad: “En la Capilla de Santa Susana, las monjas podían oír el ruido siniestro de los aviones volando muy bajo. Los aviadores nazis lanzaron toneladas de pesadas bombas. Una de ellas estalló sobre el tejado de la capilla de santa Susana y las monjas volaron literalmente en pedazos, mezcladas con trozos de las sagradas imágenes”.
El embajador estadounidense describe también la muerte de religiosos en el bombardeo de Gernika y, a continuación, recuerda la masacre de Santoña, a mano de los fascistas italianos. Fue en esta localidad donde se produjo uno de los mayores asesinatos de religiosos: “Habían sido ejecutados incontables prisioneros, incluidos 15 sacerdotes vascos”. Entre los fallecidos, destacan “Martín de Lecuona, cura auxiliar de la parroquia de Rentería (Guipúzcoa), fusilado el 8 de octubre de 1936; Gervasio de Albizu, cura auxiliar de la parroquia de Rentería (Guipúzcoa), fusilado el mismo día, y así, religiosos de otras parroquias, hasta llegar hasta quince”.
El libro publicado por el embajador estadounidense muestra también la cobardía de la jerarquía católica a la hora de protestar por estos asesinatos: “Que los sacerdotes vascos fueron ejecutados fue reconocido por el cardenal Gomá en el significativo cambio de cartas en enero de 1937, entre Su Eminencia y el presidente José Antonio Aguirre (…). En su discurso del 22 de diciembre de 1936 Aguirre había expresado su asombro y pena ante el hecho de que la jerarquía española no hubiese formulado ninguna protesta contra la ejecución de sacerdotes por las autoridades rebeldes. En una carta abierta el diez de enero de 1937, Su Eminencia había contestado admitiendo las ejecuciones, pero manifestando que la “jerarquía no estaba callada en este asunto”, sino que la protesta no se había hecho pública, ya que su publicación habría sido “menos eficaz”.
Existe un matiz de negra ironía en las palabras “menos eficaz”, pues la protesta secreta, si se hizo, no fue eficaz en modo alguno -los fusilamientos tuvieron lugar igualmente-. El autor del libro constata, además, haber sido incapaz de encontrar tal protesta secreta. Una protesta silenciosa, la del reaccionario Gomá, ignorada también, por cierto, por el portavoz de la Conferencia Episcopal, Martínez Camino
Otra de las pruebas fue hallada al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en el Ministerio de Negocios Extranjeros de la Alemania Federal, en el que “se cita un telegrama de la embajada nazi en Madrid (…) informando que ‘Franco se ha quejado enérgicamente al encargado de negocios italiano acerca de la actitud del Papa hacia el Gobierno nacionalista’ –refiriéndose al autodenominado Bando Nacional- y que el Papa se había quejado amargamente de ‘la ejecución de sacerdotes vascos católicos’. Este telegrama es del 27 de diciembre de 1936”.
Pero no sólo fueron vascos los religiosos asesinados por nazis, fascistas italianos, falangistas y otras criaturas emanadas de la radicalización de la España más conservadora. El articulista y profesor Antonio Aramayona recordaba, hace algún tiempo, en El Periódico de Aragón, a otros religiosos asesinados por el Bando Nacional que no han obtenido ni obtendrán reconocimiento alguno por parte de la jerarquía eclesiástica española. El mallorquín Martín Usero o el aragonés José Pascual Duaso son algunos de los mencionados, culpables de delitos como repartir leche entre los pobres o dejar escapar a algunos republicanos de una muerte segura. Galicia, La Rioja, Valencia o Castilla son otros lugares poco sospechosos de independentismo mencionados por Aramayona en los que se produjeron asesinatos de religiosos por miembros del bando franquista.
Estos documentos y narraciones ponen de manifiesto que la “Cruzada” encaminada a salvar la religión católica de las amenazas comunistas no sólo apuntaba a los no religiosos, sino que había otras razones adicionales. Transcurridos setenta años de aquellos acontecimientos, la máxima jerarquía católica española sigue dando la espalda a estas víctimas, quizá por haberse mantenido leales a lo que era entonces el régimen constitucional y legal. Ante estos interrogantes, la Iglesia española prefiere dejar que los rumores se apaguen.
teodoro-gallo
29 jul 2007 | 08:24 PM
JOSé Ariztimuño Aitzol , nacido en Tolosa en 1896, fue fusilado el 17 de octubre de 1936 junto a las tapias del cementerio de Hernani, después de haber sido humillado y torturado en la cárcel de Ondarreta. Convertido en uno de los máximos exponentes de lo que se ha venido a llamar sacerdotes propagandísticos vascos, su nombre es, posiblemente, el más conocido dentro de los más de diez sacerdotes vascos que fueron fusilados en Euskadi a manos de las tropas franquistas durante la Guerra Civil. Bajo estas líneas, y de acuerdo a datos facilitados por algunos religiosos guipuzcoanos, se resume la vida de trece de ellos.
josé adarraga Natural de Villabona, nació en 1881 y fue ordenado sacerdote en 1906. Tras pasar algunos años en México, estuvo destinado en varias parroquias de la diócesis de Vitoria. Al estallar el alzamiento, el 18 de julio de 1936, residía en Hernani y vivía en un modesto retiro de Donostia. Fue fusilado, sin ningún juicio y sin conocerse acusación concreta, el 17 de octubre de aquel año, junto al propio Aitzol, frente al cementerio de Hernani.
gervasio albisu Nació en Errenteria en 1871 y fue ordenado sacerdote en 1895. Después de un corto periodo en la parroquia de Igeldo, regresó como coadjutor de la parroquia de su pueblo natal, donde le sorprendió el golpe militar. Tras ir a Donostia, primero, y Zumaia, después, regresó a Errenteria, donde fue detenido y trasladado al batzoki del pueblo, improvisada cárcel de los nacionales. El 7 de octubre, tras una estancia de tres días en Ondarreta, fue fusilado junto a otras 15 personas en Galarreta, sin juicio ni defensa.
josé joaquín arin Vecino de Villabona, nació en 1875 y fue ordenado sacerdote en 1900. Once años después ocupó, hasta su muerte, el cargo de cura ecónomo arcipreste en Arrasate. Detenido el 15 de octubre de 1936, fue trasladado a Ondarreta y, sin acusación concreta ni juicio, fue fusilado frente a las tapias del cementerio de Oiartzun la noche del 24 al 25 de octubre.
josé ariztimuño 'aitzol' Ordenado sacerdote en 1922, inició su actividad como sacerdote misional y recorrió multitud de parroquias. Protagonista de una destacada labor escrita, fue nombrado para el comité organizador de la exposición misional de Barcelona, en 1929, aunque, debido a su enfermedad de hemotisis, tuvo que trasladarse a Donostia, donde se convirtió en uno de los "agentes de cohesión de las bases ideológicas del nacionalismo vasco", según señalan los religiosos. Desarrolló su actividad, fundamentalmente, en el campo obrero y tuvo una decisiva participación en el ámbito cultural y folclórico.
Al estallar el alzamiento, Aitzol se trasladó a Iparralde, donde residió en la Abadía de Belloc. Defensor de la idea de llegar a un acuerdo con los sublevados, emprendió, el 15 de octubre, el viaje de regreso a Bilbao en el vapor Galerna. Sin embargo, el buque fue apresado a la altura de Pasaia y todos sus pasajeros fueron conducidos a Ondarreta. Tras ser "humillado y torturado" en la mencionada cárcel, fue fusilado el 17 de octubre.
leonardo guridi Nacido en Oñati en 1896 y ordenado sacerdote en 1923, ejerció como coadjutor de la parroquia de Arrasate desde 1929. Fue detenido tras estallar el alzamiento militar y encarcelado en Ondarreta. La noche del 24 al 25 de octubre fue fusilado frente al cementerio de Oiartzun junto a José Joaquín Arin, sin acusación concreta ni juicio.
martín lecuona Natural de Oiartzun, donde nació en 1907, fue ordenado sacerdote en 1932. Adscrito a una parroquia de Donostia, actuó como propagandista y conferenciante de la agrupación vasca de Acción Social Cristiana. Coadjutor de la parroquia de Errenteria desde 1935, se negó a a abandonar esta localidad tras el alzamiento. El 29 de septiembre fue detenido junto a Gervasio Albisu, junto a quien fue fusilado en Galarreta el 7 de octubre, sin ningún juicio.
jorge irutti-castillo Nació en Elgeta, en 1902, y fue ordenado sacerdote en 1926. Ocupaba el cargo de párroco de Marín cuando fue detenido por las tropas sublevadas el 1 de noviembre de 1936. Una semana después, el día 7, y tras pasar por Ondarreta, fue fusilado cerca de Oiartzun.
josé marquiegi Natural de Deba, donde nació en 1895, fue ordenado sacerdote a muy temprana edad. Se dedicó a la traducción al euskera de distintas obras escritas en francés y castellano y ejerció como coadjutor en Arrasate. Fue fusilado frente a las tapias del cementerio de Oiartzun la noche del 24 al 25 de octubre, con José Joaquín Arin y Leonardo Guridi.
alejandro mendicute Nació en Altza, en 1891, y fue ordenado sacerdote en 1916. Ejercía como capellán en una iglesia donostiarra cuando estalló el alzamiento. Permaneció diez días detenido en Hernani y fue trasladado a Ondarreta. La noche del 23 al 24 de octubre fue fusilado, sin juicio ni acusaciones concretas, a la entrada del cementerio de Hernani.
santiago locus Nacido en Pitillas (Navarra), en 1898, ingresó en 1912 en el Seminario de Pamplona. Tras el alzamiento tuvo que esconderse junto al concejal de Pamplona García Enciso, con el que intentó pasar a la zona vasca no ocupada. Fueron detenidos y fusilados de inmediato en Vitoria.
josé otaño Natural de Lerga (Navarra), donde nació en 1898, fue ordenado sacerdote en 1923. Tras ejercer en París como organista y director de Coros, se trasladó a Tolosa y, más tarde, a Donostia. Fue detenido el 12 de octubre de 1936 y trasladado a Ondarreta. Días más tarde, junto a otros siete sacerdotes, fue fusilado junto a las tapias del cementerio de Hernani.
celestino onaindia Hermano del también sacerdote Alberto Onaindia, fue designado coadjutor en Elgoibar, en 1929. Allí desarrolló una destacada labor en los círculos obreros. Tras estallar el alzamiento fue detenido y enviado a Ondarreta. La noche del 27 al 28 de octubre, sin sentencia judicial alguna, fue fusilado junto al cementerio de Hernani.
josé sagarna Nació en Zeanuri (Bizkaia) en 1911 y ejerció como coadjutor de la parroquia de Berriatua. Fue detenido el 19 de octubre y, sin tomarle declaración, fusilado un día después en un prado próximo a Amalloa, tras ser torturado.