En otros tgiempos, España, era el vivero espiritual de Occidente, que surtió de vocaciones a medio mundo y evangelizó América y gran parte de Africa, en este siglo XXIestá casi extinguido.
Una viña devastada”, como dice el propio Papa. No hay relevo para los curas. Los jóvenes no quieren ser funcionarios de lo sagrado. Y la Institución, profundamente clericalizada, se resiste a buscar otras alternativas, como la del sacerdocio de la mujer o la de los curas casados.
A Benedicto XVI le gusta el símil de la viña. Se presentó al mundo como “el humilde jornalero de la viña del Señor” en su solemne proclamación como sucesor de Juan Pablo II. Y recientemente volvía a recurrir a él en tono casi dramático. “La vida cristiana occidental es más vinagre que vino. Una viña desbastada por los jabalíes”. Y añadía: “El rebaño de Dios se encuentra a merced de los lobos del desierto”.
¿Estaba pensando el Papa en España? La Iglesia española se queda sin pastores. Ya sólo vive de las rentas del pasado. Los datos hablan por sí solos. España cuenta todavía con 18.000 sacerdotes diocesanos. Pero los que fallecen duplican a los que se ordenan. No se garantiza ni siquiera el reemplazo generacional. La edad media del clero diocesano es de 67 años y el 40% tiene más de 75 años. Dentro de diez años, el número de curas quedará reducido a la mitad.

Pero lo peor de todo es que conservan la soberbia los obispos y piden que surjan vocaciones ¿cómo van a surgir con las actitudes que gastan?...estos pastores se creen que pueden seguir siendo señores feudales anclados en el pasado y baculazos van y baculazons vienen y opinando de todo lo opinable, ton ni son y cerrandose en banda a las subvenciones y queriendo vivir del presupuesto porque así les fue muy bien en el pasado.
Ya el mundo occidental ene ste siglo XXI ha cambiado y no se han dado cuenta.
Muchos son los curas que se han tenido que secularizar por encontronazos con sus obispos y han tomado el camino de casarse por lo civil pues no han obtenido permisos para su secularización, por lo tanto la cerrazón de la Iglesia ha dado paso a una incongruencia: al no securarlizarlos, canónicamente son sacerdotes y casados y no se dan cuenta los "pastores" proque siguen en sus castillos ensoberbecidos.