La Iglesia siempre habló del infierno, con esa amenaza se ha arreglado todo en la Iglesia Católica....desde muy pequeños nos han mediatizado y hemos crecido temiéndole al fuego eterno y que nos portáramos bien para no caer en este castigo tan tremendo y ese infierno era patente de un Dios justiciero y terrible, sobre todo lo que oliese a sexo, un don de Dios al hombre.
La Iglesia Católica durante siglos todo su afán era salvar a los hombres de aquel fuego abrazador, como si la misma Iglesia fuese el cuerpo de bomberos y la mayoría de los eclesiásticos se dedicaban políticamente a aterrorizar las conciencias, cuando preparaban ellos mismos las hogueras verdaderas.
A base de oir hablar del fuego eterno, los católicos hemos crecido con el corazón encogido, le tomamos miedo a la ciencia, a los preservativos, al sexo, a la razón a la libertad, a lo sencillo que resulta entablar amistad con una persona homosexual, en fin a todo lo que significara "pecado" y dejamos en manos de los eclesiásticos la responsabilidad de decidir que era lo malo y lo bueno, incluso paraver una película en los años 60 del siglo pasado, se colocaban unos carteles en las puertas de las iglesias para decirle a los fieles que clase de películas eran buenas o malas para sus almas y de esa forma determinaban los eclesiásticos el camino a seguir de sus feligresescomo borregos adormilados.
Incluso se llegó a recomendar la ignorancia de todas las cosas referente al sexo para no caer en "pecado".
Pues bien, hablar del infierno es para mi el signo del fanatismo e intolerancia en la que hemos estado sumidos los católicos...pecado tremendo que arrastra el catolicismo y del que solo nos veremos libres a base de razón, dogmatismos, compresión, pluralismo, respeto del otro y aceptación de todo.
Los católicos deberíamos haber sido menos intransigentes y deberíamos haber relativizado toda "verdad" que nos hayan impuesto desde la jerarquía católica, porque no hay nada mas absoluto que Dios de tejas abajo y los papas, cardenales, obispos y clérigos han creído que lo absoluto eran ellos y sus palabras.
Fanatismo e intolerancia están muy alejados del Evangelio, la intransigencia es imponer y el evangelio es proponer, ofrecer pero no forzar.
Jesús de Nazaret cortó por lo sano los brotes de fanatismo de sus discípulos, como refiere el Evangelista Lucas:
"Cuando iba llegando el tiempo de que se lo llevaran, Jesús decidió irrevocablemente ir a Jerusalén. Envió mensajeros por delante; yendo de camino entraron en una aldea de Samaria para preparar el alojamiento, pero se negaron a recibirlo porque se dirigía a Jerusalen. Al ver esto, Santiago y Juan, discipulos suyos, dispusieron: señor si quieres, decimos que caiga un rayo sobre ellos. El se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.(Lc 9,51-53).
Jesús lo tenía muy claro, ya no era el tiempo de Elias, profeta que cuando hablaba fulminaba con el rayo del cielo a los enviados del rey (2 Re 1,10-12) o que degollaba a los profetas de Baal en nombre de Yahvé, Dios único, soberano e intransigente.
Pero lo peor de todo es que los cristianos, sobre todo la jerarquía, ha olvidado la enseñanzas del Maestro...hemos aplastado en el pasado a musulmanes y judíos ¿de qué nos quejamos ahora?, la Inquisición puso en marcha el calor de las hogueras para todo ser viviente, la imagen de Santiago "matamoros"....ahora el documento de que "FUERA DE LA IGLESIA NO HAY SALVACIÓN"....se ha impuesto la fe por la fuerza a quien no era católico y a los indígenas del Nuevo Mundo. Nos han hecho intransigentes e intolerantes desde pequeños y ser católico y español era un marchamo de "calidad" o la reserva cristiana de Occidente.
¡Caramba! a ver si nos enteramos de que ya es hora de volver los ojos al Evangelio para acabar con tanto fanatismo histórico y cancelar para siempre tan poco como hemos usado el Evangelio de Jesús...porque el fanatismo y los fanáticos hacen del mundo un verdadero infierno.
El Cardenal Cañizares, el Cardenal Rouco, el Obispo Sebastían y otros, dan ejemplos cada día de intolerancia y por ello son contestados por otros fanáticos de la misma especie...es decir la tuya sobre la mía.
El gran drama de mi Iglesia Católica es que ya no tiene poder de decisión, quiere pero no puede, no le siguen las grandes masas, solo unos miles, los de siempre, el residuo del nacionalcatolicismo que soñando con otros tiempos deserían ver a la mitad de España y parte del mundo, pisados o muertos, como hizo el Duque de Alba en los Países Bajos cuando fue gobernador.