¿Os acordáis del famoso gallo que cantó aquella noche para Pedro (Jn 18,27), más que una función de recuerdo de unas palabras dichas por Pedro, lo que hizo fue una burla irónica, aunque en el fondo había un deje de amargor…..el amigo que no era capaz de defenderlo.

Lo que hizo el gallo fue algo impertinente o insolente, si lo queréis llamar así,….y yo me pregunto que ¿a dónde fue a parar aquel gallo?

De parte de Jesús utilizó el despertador inoportuno, pero fue encargo del Maestro y por ello los hombres de la Iglesia lo persiguieron de forma despiadada y lo descubrieron y lo atraparon….pero no podían cortarle el cuello, porque en el fondo era una reliquia de la Pasión…porque entre tantas reliquias falsas al menos esta era una reliquia viva totalmente.

Pero lo metieron a mi colega en una mazmorra, lo acallaron, le cortaron la cresta y lo humillaron, lo catequizaron y lo sometieron a procesos de reeducación.

Algún papa reciente va y despierta al “viejo gallo” y le hace cantar fuerte…el grito de viejas culpas, que algunos prefieren queden enterradascuantoa más profundidad mejor.

Pero la verdad es que siempre saltan los apologetas para dispararle una buena andanada de perdigones y niegan que exista o haya existido.

Pero siempre queda algo de la presencia de este gallo y es algo incómodo para la Iglesia, se le acusa de anticlerical, es decir enemigo de la Iglesia…pero están equivocados solamente juega a favor del Evangelio.

Al gallo le ocurre como a los profetas incómodos nunca han sido bien vistos por la Iglesia…pero les han dejado quietos cuando ya no han molestado porque se ha muerto, que a veces ni eso, como a Antonio de Melo, que prohibieron sus escritos diez años después de su muerte.

Deberíamos llamar urgentemente al gallo para que haga una buena limpieza en el corral…con vista a una Iglesia transparente que no tape nada.