Salvar de la muerte es la exigencia central a todo ser humano. Cristianamente, es la forma fundamental de estar en afinidad con el Dios de la vida, pues, tal como dijo monseñor Romero intuitivamente "la gloria de Dios es que el pobre viva", de tal forma que estas palabras bien pudieran ser tomadas como una "formula breve" de cristianismo. Expresan lo fundamental que está en juego en la opción por los pobres.
Pero no es nada fácil elevar el nivel teologal y mantener la centralidad del pobre, su sufrimiento y su cercanía a la muerte. Y sobre eso hay que reflexionar en serio al pensar en la opción por los pobres. En las Iglesias siempre ha habido, y sigue habiendo, algún interés por el pobre, pero en la actualidad no la hacen realidad central y decisiva, ni arrisgan mucho por ello, pues prefieren estar bien avenidos con el poder del dinero y la política. Pero, además de lo costoso y arriesgado, hay un probleme teórico muy grave, en el que desde hace mucho tiempo hemos insistido atendiendo a la teología de Metz. Su tesis es que "la primera mirada de Jesús no se dirigía al pecado de los otros (sexualidad, recaudadores, bebedores, prostitutas, etc) sino a su sufrimiento".
Pero "el cristianismo muy pronto tuvo serias dificultades con esa sensibilidad fundamental hacia el sufrimiento del otro, que e sinherente a su mensaje. La inquietante pregunta por la justicia para con el inocente que sufre, que está en la entraña de las tradiciones bíblicas, se transformó con demasiada rapidez en la pregunta por la salvación de los pecadores.
Para la misión de la Iglesia, eso significa hacer de la misericordia su principio motriz y directriz, es decir, que el salvar al pobre de la muerte lenta de la pobreza y de la muerte rápida de la violencia, represión, guerra, según los casos, sea lo que tenga fuerza para mover a una praxis y lo que da dirección a dicha praxis. Y como la pobreza y el sufrimiento son masivos y tienen causas históricas, la misericordia tiene que ser historizada como lucha en contra de la injusticia y en favor de la justicia.
Esto es fundamental para la opción por los pobres en cuanto a praxis. Y la teologñia que la informa debe ser comprendida como la respuesta intelectual a la misericordia.

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