Está claro, pues, que el modelo tradicional de la moral sexual se ha sustentando en presupuestos hoy en gran parte superados.
Pero desde instancias de la Iglesia Institución, no pocos de esos presupuestos se los pretende mantener como válidos e inalterables. Pienso que ese intento se debe al poder hegemónico de una Iglesia cada vez mas jerárquica, autoritaria, celibataria, que se resiste a abrirse críticamente a las nuevas perspectivas de la teología y de la ciencia.
Pienso que no hay solución del problema si no se va al fondo. Y el fondo es el siguiente:
-Vivimos en el siglo XXI, es decir, en una situación peculiar que en modo alguno puede asimilarse a la de los siglos anteriores.
-Este siglo viene precedido y condicionado por un acontecimiento fundamental que marca la civilización occidental: la modernidad.
-Este acontecimiento fue abordado por la Iglesia en el Concilio Vaticano IIy desde entonces hemos asistido a un caminar paralelo y hostil entre la Iglesia y la sociedad. La Iglesia pudo y debió actuar discerniendo, pero actuó negativamente, poniéndose a la defensiva contra la ciencia, la libertad, los derechos humanos y el progreso.
-La ruptura fue radical: ser cristiano equivalía a ser conservador, reaccionario, antimoderno, como si la tradición cristiana se situara en la Edad Media o acabara en ella.
-El Concilio Vaticano II, con buen criterio, acabó con esta escisión al parecer y trató de establecer los puentes de encuentro, diálogo, colaboración y convergencia con el mundo. Pero esto que fue un logro conciliar se ha visto fracasado totalmente.
Aplicado a la moral sexual: La Iglesia Católica se aferra a un modelo tradicional, en parte desfasado, que dice no poder cambiar por razones de fidelidad...Fidelidad ¿a qué? ¿Fidelidad a la revelación y tradición auténticas o a concretas interpretaciones históricas, tanto en la Biblia como en la ciencia?.
La fidelidad se refieren en este caso a paradigmas filosóficos-culturales propio de épocas y autores pasados, que no deben ser erigidos con validez definitiva. Un nuevo paradigma de la sexualidad nos dice que la realidad humana ha sido siempre la misma, pero puede cambiar de percepción y comprensión de ella. En consecuencia, y en la medida en que esto sea posible y legítimo, esa nueva percepción da lugar a una nueva actitud, un nuevo comportamiento y unas nuevas normas.