Pienso que, antes o después, a ratos o permanentemente, todo ser humano se tiene que sentir como me siento yo ahora, soportando la existencia o condescendiendo con la inoportunidad.
La existencia se goza, ilusiona, incluso embriaga. Existir es como una droga que puede llegar a enloquecer. Perder la vida es, con frecuencia, lo peor que te puede ocurrir.
Mi existencia, hoy, quizás desde hace tiempo, es que vivir me resulta insoportable.
Esta situación mía la llaman algunos, depresión. Y se me acercan sabios y gentes sanas que me filosofan como aquellos teólogos, Elifaz, Bildad y Sofar, amigos de Job, a darme una visión optimista de la vida. Hurgan en mi biografía buscando culpabilidades, me pronosticaban rentabilidades divinas.
Pero todos resultan, a la postre, psicoanalistas y teólogos de pacotilla, porque muchos son de pacotilla, como los amigos de Job.
La verdad es que la vida "a secas" resulta insoportable. Y todo ser humano lo va a sentir, lo está sintiendo, o lo ha sentido. Es como una llaga de la creaturidad consciente.
Por eso resulta difícil comprender cómo Dios se atrevió a poner en circulación una creatura consciente de sí misma sin más futuro que la esperanza.
A pesar de todo, para mi, siguen siendo no una Verdad sino una realidad que la Fe es lo único que hace soportable lo insoportable y creedme amigos que insoportables hay muchas cosas y muchas personas.