Tengo que reconocer, y lo reconozco y levanto mi sombrero en alas de admiración, que los hombres cuando hacemos algo es una valentía varonil ruidosa...como si chocáramos contra algo...para que se nos note que lo hacemos.
Sin embargo la mujer es silenciosa...firme y afronta las peores situaciones con una sonrisa increible.
Conozco mujeres que trabajan en una empresa en la oficina, en el taller, el fabrica, etc...trabaja en su casa y algunas aun están en un voluntariado por aquello que tienen que hacer algo más en esta vida.
Conozco a maridos, que después de "mal vivir" y "mal bostezar" en una oficina pública...vuelven con la lengua fuera...se tiran al sofá...piden las zapatillas, el periódico y como energúmenos esperan que le sirvan la cena.
Pero él no ha pensando que la mujer ha cocinado esa cena, ha atendido a los hijos, ha lavado ha planchado...
Me trae el recuerdo de la Biblia ...Judit 8,8...dice que Judit era una mujer estupenda...nadie podía hablar mal de ella....
Con estas heroicas mujeres debería tener la Iglesia los brazos abiertos y darles el sitio que les coresponde, porque en ese caso la jerarquía se comporta como el marido del sofá...¿Por qué solo una Judit puede llamar a un convento para ser monja?.....¿es que en la Iglesia no puede ser dirigente y organizadora como en su propia casa?.
Cuando las mujeres, aunque sean monjas, se liberen del yugo impuesto por los hombres...pueden desde su condición femenina escalar los puestos más altos y se comenzará a vivir un tiempo nunca imaginado del Evangelio







